Manojos
16.11.2025

 

Muchas dudas forman un mar y muchos periodistas componen un enjambre. A veces, las palabras hacen trampa y no describen las cosas sino la forma en que las sentimos. No son abejas las que cercan con sus micrófonos al famoso de turno ni se abre un océano bajo nuestros pies cuando dudamos.

Nombrar es un modo de tocar sin manos. Llamamos oleada a un conjunto de críticas cuando las percibimos como una fuerza que avanza, golpea y desestabiliza. Hablamos de una avalancha de turistas si nos sentimos desbordados por los visitantes. Decimos que las mentiras se cuentan en sartas porque sabemos que no vienen solas, que cada una se engarza en la siguiente, como cuentas que se encadenan para mantenerse en pie.

Usamos palabras que no significan lo que dicen cuando intentamos describir, no la realidad, sino la forma en que nos atraviesa. Cuando confieso estar en un mar de dudas estoy admitiendo que siento miedo de que me ahogue la indecisión. Un abanico de posibilidades no expresa la cantidad de opciones, sino el gesto reconfortante con que se despliega, se abre y ofrece alternativas.

Por más que el lenguaje consiga reunir los despropósitos en cúmulos, el trabajo en montañas o la sabiduría en pozos, las palabras tropiezan cuando intentan nombrar lo que nos tiembla por dentro. La piel, la memoria, los silencios entre frases. No existe nombre colectivo para contar los deseos que guardamos bajo la almohada. No he encontrado un plural elegante que agrupe en un término los abrazos ni los temores. Quizá los sentimientos no aceptan tan fácil el inventario porque tienden a desbordarse. Quizá esa  la razón por la que atamos los nervios en manojos.

 

 

 

Publicado en El Diario Vasco el Sábado, 15 de Noviembre de 2025.

Foto.- Análisis Sintáctico.- Cartel callejero en Mercado de la Brecha, San Sebastián.- 2023

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