Tinta
08.07.2013

 

Librería. Lisboa 2012

Arrancar el celofán con impaciencia. Acariciar el lomo. Recorrer con las yemas sus costados. El tacto es el primer recuerdo de un libro. Aún así, no lo hago mío hasta el momento íntimo de olerlo. Lo abro por sus páginas centrales y hundo la nariz hasta el último rincón de su secreto. Hasta encajar mis mejillas entre los pliegues de sus pliegos.

Libros de bolsillo y de tapas de tela. Reciclados o de papel biblia y lomo dorado. El perfume. El olor de la guayaba. La Hoguera de las vanidades. Ningún libro huele igual a otro. Desprenden los libros un aroma inconfundible que es su ADN.  Siempre familiar. Siempre distinto.

Los libros nuevos huelen a papel blanco y tinta fresca. Las novelas y los ensayos a imprenta, a turno de noche y a lo que bebió el escritor mientras gestaba. Los libros de arte, con reproducciones editadas en couché brillante, absorben menos la tinta. Su aroma suele ser reacio a despedirse. Los libros de fotografía desprenden un olor aún más intenso cuando son en blanco y negro.

Cuando acabas un libro le haces hueco en tu biblioteca. Allí, intercambia historias y perfume con sus compañeros de estantería. Los libros ya leídos  olvidan, poco a poco, su primer aroma para confundirse entre los olores con los que convive. Desprenden una fragancia  que es el recuerdo de lo vivido.

Libros de  verano con olor a salitre. Libros que guardan una flor seca en la memoria. Libros que huelen a tabaco negro y noches en blanco. Libros con olor a infancia, a mercadillo, a humedad y a mudanza. Libros de bordes amarillos con esencia de vainilla.

El olor de las libros es el olor de las palabras. E incluso el peor de todos desprende un aroma que es poesía.

Publicado en el diario Vasco el Domingo 7 de Julio de 2013. Versión ampliada

Foto.- Librería. Lisboa. 2012.

6 comentarios:

  1. guille dice:

    Os dejo este comentario que he recibido por correo, con una brillante explicación científica de nuestra manía husmeadora.

    Buenos días Guille,

    Te escribe un impenitente husmeador de libros.

    Es una sensación placentera y el motivo puede ser que el placer por algo se asocia con una descarga de neuronas en una parte del cerebro llamada núcleo accumbens y con una liberación masiva de dopamina (el neurotransmisor del drugs, sex and rock and roll).

    Pues bien, esta descarga y liberación tiene lugar ANTES de que ocurra el acto placentero en sí que en esta ocasión es la lectura de un libro o la compra de uno con el que luego vas a disfrutar… Además, nuestro olfato es vestigial respecto a otros mamíferos pero tiene hilo directo con los circuitos emocionales y la memoria.

    La descripción más bella está en la magdalena de Proust.

  2. Ana E. dice:

    Por este orden trato los libros; primero los miro sin tocar, luego los toco sin mirar, me distraigo en ello un rato para acabar olisqueando mientras paso delante de mi las hojas rápidamente, ya sabes, deslizando el pulgar. Oigo palabras que se escapan al azar. Vista, tacto, olfato y oido. Hay quien dice que sólo me falta «comerlos» y describir a qué saben.
    Esta gente que piensa que sólo tenemos cinco sentidos……..

  3. susana dice:

    ¡Qué bonita foto, Guille!
    Al ver tantas estanterías a las que acceder con una escalera de madera -a mí siempre me vino bien, porque soy bajita- he recordado la enorme discoteca de mi primer trabajo, en la radio.
    Cómo disfrutaba subiendo y bajando peldaños, rebuscando entre más de 57.000 discos, vinilos entonces, elepés y singles, con sus carpetas de cartón, muchas de ellas memorables.
    Aquel espacio también estaba lleno de olor. Olía a polvo, a humedad, a la madera de las estanterías, a alcanfor…
    Aunque lo que a mí más me gustaba era husmear entre la música, olfatear el fuerte olor a rock & roll, descubrir el profundo aroma a soul, olisquear la esencia del blues, la fragancia campestre del folk o la frescura de cualquier nuevo ritmo de otra época.
    ¿Será que también huelen los sonidos? ¿huele diferente cada nota, cada ritmo, cada melodía? ¿huele igual un disco de Chopin que uno de Keith Jarrett? ¿huele más la música sinfónica que un tema a cappella?
    Reconocería el olor de aquella enorme discoteca entre muchos otros. Porque a veces, en sueños, creo que he vuelto a olerlo.
    Guille ¿crees que las historias hechas música también permanecen como un perfume? (igual tienes alguna columna que me he perdido sobre esto).
    Gracias por mostrarte tan kinestésico.

    • guille dice:

      hola Susana,

      por supuesto, los discos también huelen. por lo menos los de vinilo.
      y no, no voy a hacer chistes con keith jarrett y su Concierto de Colonia.
      vaya, ya lo he hecho…
      te envío por e mail una cosa que publiqué hace un par de semanas.

      besos

      guille

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