Sufrir
27.04.2015

 

bus

La felicidad es un delito que se paga caro. Si una pareja demuestra su cariño son cursis, empalagosos. Si estás contento con tu trabajo eres conformista. Si estás satisfecho con lo que tienes eres un sumiso o un arrogante. Los optimistas son unos ingenuos. Los que sonríen unos frívolos. Pronto sólo podremos ser felices en la clandestinidad.

Antes, daba gracias, cada noche, por ser feliz. Ahora he comenzado a pedir perdón. En estos tiempos duros es difícil reivindicar la alegría pero esta animadversión al optimismo es una actitud vital que viene de mucho antes. Nuestra cultura ha asentado sus cimientos sobre la infelicidad.

Desde niños nos enseñan que hay que sufrir para ser alguien de provecho. La religión nos inculca que hemos venido a este mundo a sufrir, que debemos resignarnos para alcanzar uno mejor. El mantra de la sociedad de consumo reza que nada es suficiente para satisfacer nuestros deseos. La moral puritana de izquierdas me recrimina ser feliz en una sociedad plagada de injusticias.

Nuestra sociedad victimista ha adoptado la queja como estilo de vida. Desde que suena el despertador sufrimos ante la mínima contrariedad. Vivimos instalados en la queja porque nos hemos olvidado de mirar atrás. Antes la felicidad consistía en tener algo para comer y, antes aún, bastaba con no ser la comida de algún animal. Ser feliz es una cuestión de expectativas.

Yo no pienso sufrir para ganarme un puesto en el cielo prometido. Mi paraíso está en esta vida y voy a aprovechar el tiempo porque mi felicidad acabará con ella.

 

 

 

Publicado en El Diario vasco el domingo, 26 de Abril de 2015.

Foto.- Bus Sonriente.- Tokyo, 2014.

2 comentarios:

  1. Ramon Etxezarreta dice:

    ¡Sí, señor!

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