Narcisos
09.02.2015

 

El Muro de Mario

Miro mi móvil y le pido una señal. Acabo de colgar un video, una opinión, un chiste pero aún no hay respuesta. Necesito que la pantalla se ilumine. Un megusta. Un elogio en mi muro. Un emoticón que sonríe, un aplauso dibujado. Un retuit, una petición de amistad. Algo. Por lo menos, un WhatsApp con un jajajaja impersonal. Miro otra vez la pantalla y me impaciento. La conexión instantánea nos ha generado mucha ansiedad.

Nunca habíamos vivido tan pendientes de la valoración de los demás. Nuestro ego es una mascota virtual, un tamagotchi que necesita alimentar su apetito voraz de reconocimiento. Pero detrás de tanto exhibicionismo se esconde un grito de auxilio. Una necesidad primaria de aprobación, de sacar brillo a la autoestima. De formar parte de un grupo, aunque sea un grupo de WhatsApp .

Necesitamos compulsivamente llenar un vacío, curar una herida real con tiritas virtuales. Las redes sociales han abaratado el sentido de la amistad pero nos han hecho dependientes de la opinión ajena. Un megusta no evitará mi inseguridad pero es un alivio para salir del paso.

Vivimos inclinados frente a la pantalla pero corremos el riesgo de sufrir algo más que torticolis. La sociedad conectada es un archipiélago de islotes unidos por el miedo a sentirse solos.

Narciso quedó fascinado al ver su imagen reflejada en el agua de una fuente y murió en soledad. Nosotros buscamos ese mismo reflejo narcisista cuando nos asomamos a nuestras pantallas de cristal líquido.

 

Publicado en El Diario Vasco el Domingo, 8 de Febrero de 2015.

Foto.- El muro de Mario.- La Habana, 2005.

 

 

 

 

2 comentarios:

  1. iñaki dice:

    dices..»nunca habíamos vivido tan pendientes de la valoración de los demás».

    claro, porque antes la recibíamos de viva voz.ahora nó.ya sabes, tenemos toda la información, pero estamos cada vez más aislados, eso sí: YO Y MI «TRASTO» DERNIER CRI.abrazote.

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