Filosofía
03.11.2015

 

david el cartesiano y david el gnomo presocrático

Domesticamos animales desde el neolítico y domamos a seres humanos desde que alguien entendió que dominar al prójimo incrementaba su bienestar. Los animales son útiles para trabajar y el ser humano es el animal más eficaz de todos. Domesticamos animales para convertirlos en carne de vacuno o en carne de cañón.

Hoy, que cuidamos más las formas que  a las personas, domesticar humanos es una evolución sofisticada de la esclavización.  Avanzamos por el sendero, en fila india, sin pasarnos de la raya, persiguiendo una zanahoria en forma de lujos, belleza, dinero y otros cuentos de lechera que nos entretienen la vida.

No nos rebelamos porque hemos perdido el espíritu crítico pero, con nuestro silencio complaciente, colaboramos con actitudes que despreciamos. Ya no protestamos ni hablamos de transformar la realidad. Como mucho, de pagarla. Aunque sea a crédito.

La LOMCE arrincona los estudios de filosofía de las aulas y todo hace suponer que éste es un paso más en nuestro proceso de domesticación. Nos quieren enseñar a obedecer en lugar de a pensar, como si el papel del maestro no fuera educar sino amaestrar.

Esta ley consigue que miles de alumnos pierdan la oportunidad de conocer a los sabios que dibujaron nuestra forma de ver el mundo. Evita que nos acostumbremos a pensar, a dudar y a hacernos preguntas. ¿ Por qué vivo ¿ ¿ Qué espero de mi vida ?

No sé. Quizá sea porque las respuestas serían incómodas para nuestros tratantes de ganado.

 

 

 

 

Publicado en El Diario Vasco el Domingo, 25 de Octubre de 2015.

Foto.- David el cartesiano y David el gnomo presocrático. Creo que Brooklin, NY.

2 comentarios:

  1. nubio dice:

    Hola Guille,

    Algunas de las frases que has escrito parecen propias de algún gran filósofo:

    «Avanzamos por el sendero, en fila india, sin pasarnos de la raya, persiguiendo una zanahoria en forma de lujos, belleza, dinero y otros cuentos de lechera que nos entretienen la vida».

    Magnífica metáfora de la vida que nos ha tocado en suerte vivir.

    Por otro lado, creo que nuestros tratantes de ganado van persiguiendo la misma zanahora que nosotros, y por ello siguen un sendero muy parecido al nuestro (quizás más duro y escarpado aún).

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