Escaleras
23.11.2012

Mastrogiuseppe.

Cuentan los que han llegado hasta el séptimo piso que, aunque ya pesan los zapatos, la vista merece el viaje. Si te asomas y miras hacia abajo, el suelo se ve borroso. Si buscas el horizonte se divisa un paisaje hermoso y calmo.

Aprendemos a subir escaleras antes que a andar. Avanzamos con paso inseguro, impulsados por la inocencia, hasta el primer piso. Al llegar y mirar atrás, descubrimos que la escalera se ha borrado, que el único camino es subir.

Cada planta está pintada de un color diferente, cada rellano es un lugar de encuentro. Entre el primer y el segundo piso hay, tirado en el suelo, un álbum en blanco. Lo irás completando con las experiencias que encuentres por la escalera. Al principio tenemos tanta curiosidad, que subiríamos los escalones de dos en dos. Después del segundo piso ya no tenemos tanta prisa por llegar. A partir del tercero los escalones parecen más altos. Es un tramo en el que es fácil tropezarse porque cada paso implica una decisión .  En el cuarto piso hay un banco de madera. Te sientas  y compruebas que las suelas comienzan a desgastarse. Entonces descubres que, cualquier día, una de las puertas que flanquean la escalera se puede abrir. Das un salto, te apresuras. Por primera vez, te ayudas de la barandilla para poder seguir.

De todos las plantas de este edificio nadie sabe decir cuál es la mejor pero, aún así, estamos obsesionados con llegar hasta el piso más alto. Es curioso. Hace poco me contó un vecino del séptimo que, cuando llegas ahí arriba, lo único que añoras es no haber disfrutado un poco más de cada escalón.

Publicado en El Diario Vasco el Sábado 7 de Noviembre de 2009.

Foto. Mastrogiuseppe. Portero automático. Soho, New York.

6 comentarios:

  1. susana dice:

    Otra bonita metáfora,Guille, bien imaginada y bien contada.
    Me hace pensar en el problema que tenemos quienes creemos que nuestra escalera es infinita, o como mínimo de un rascacielos muy muy alto.
    El problema doloroso de asumir que algún día llegaremos al séptimo piso (¿son sólo siete?), nosotros y las personas queridas que lo alcanzan antes.
    El problema de querer tener siempre energía para subir cada escalón con agilidad, seguridad, lucidez, ilusión, ganas, disfrute…
    El problema de desear pararse más tiempo en todos los rellanos, para decubrir que hay detrás de cada puerta. Y no tener tiempo para abrir muchas, porque hay que seguir escalera arriba.
    El problema de querer detenerse a charlar con los vecinos amables que te ofrecen amistad, buenas experiencias y sabiduría.
    El problema de no ser consciente de que puedes llegar a cansarte subiendo rápido y con tanta intensidad, sin entender que rellano es sinónimo de descansillo (qué palabra tan apropiada para la metáfora, «descansillo», muy chula).
    Y el problema melancólico, de saber que no es posible subir dos veces el mismo peldaño, y que querer bajar es una torpeza absurda.
    ¿Cómo resolver estos problemas de las escaleras?
    Yo conocí un hombre que subía jadeando, le faltaba el aire, su corazón estaba a punto de pararse, y aún así, subía siempre las escaleras de casa silbando o cantando. Para que los demás lo oyéramos, supongo.
    Confío en haber heredado eso de él.
    ¿Tú silbas al subir Guille? Si no te sale, intenta cantar, o sonreír, también vale.
    Un abrazo.

    • guille dice:

      Hola susana,
      Gracias por el comentario. Da para pensar.

      Son muchos los problemas con los que te cruzas por la escalera.
      Pongo cara a casi todos los casos que describes.

      Mi problema particular es subir con demasiada intensidad, demasiado rápido, y no dedicar suficiente atención a cada escalón.
      Mi padre se quedó en el 4º y mi madre en el 6º. Supongo que eso me ha marcado.

      Eso sí. siempre subo contento.
      Cantando fatal pero cantando, al fin y al cabo.

  2. Agustin dice:

    Hola Guille!

    Me encanto el texto de la escalera!

    Muy simple, pero profundo al mismo tiempo.

    Me has dejado pensando…

    Un abrazo grande

    A

    • guille dice:

      Gracias.

      No sé cómo funciona en esto Argentina pero creo que mejor. Yo vivo en un país que minusvalora a su gente a medida que se va haciendo mayor. Cuando ya son viejos los arrinconan como a un mueble amortizado. tenemos obsesión por lo nuevo.
      Me apetecía contar que el ser humano alcanza más perspectiva cuanto más años cumple. Encontré la metáfora de la altura y los escalones pero no pude desarrollarla tanto como daba de sí. Mi columna del periódico admite, como máximo, 1220 caracteres.

      Me alegro de haberte dejado pensando. Es lo que busco cuando leo y también cuando garabateo estos textos absolutamente innecesarios.

      ¡ Abrazo !

  3. zior dice:

    kaixo guille, que bien, ya tenía ganas de verte por esta escalera. cuando quieras subimos al séptimo, pero luego bajamos, eh?

    • guille dice:

      Bienvenida al portal.
      Los vecinos son buena gente y suelen tener la escalera limpia.
      Un abrazo. Nos vemos en algún rellano.

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