Alquiler
14.10.2013

Ropa tendida

Soy tu vecino de escalera. Vivo de alquiler y mi contrato, en blanco, expirará sin preaviso. Ocupo una casa sin propietario. Una dirección provisional, sin buzón ni candados ni contadores. Mi pago es cuidar el jardín, regar las plantas. Soy parte de una mudanza. A veces me acomodo en una caja, a veces soy la cinta adhesiva que la sella. No soy de ningún lado, no estoy catalogado. En todas partes intento sentirme parte.

Soy un pasajero más. Tu vecino fortuito de vagón y de trayecto en un tren en continuo movimiento. Sólo llevo un billete de ida y una maleta vacía, llena de postales. No sé cuándo me apearé pero, mientras tanto, disfruto de las vistas. Y sonrío, porque he tenido la suerte de coincidir con buenos compañeros de viaje.

Un día, alguien decidió ordenar la vida, archivarla en años. Es una forma, como otra cualquiera, de intentar hacer inventario del aire que respiramos. Pero las estaciones que dejamos atrás no tienen nombre ni número. Sólo las distingues por el color de las hojas.

Tan sólo estoy aquí de visita. Intentaré pasar de puntillas. No hacer mucho ruido. No romper nada. No dejar huella de mi paso. No sentir nostalgia ni añoranza. No dejar testamento ni constancia. Que el siguiente inquilino se encuentre las cosas, más o menos, como estaban.

Me asomo a la ventana y todo es mío hasta donde me alcanza la mirada. Tengo en usufructo los verdes y los mares. La tierra que piso y las miradas cálidas.

Lo único que guardo en propiedad son mis vivencias.

Eso y tu sonrisa.

 

Publicado en el Diario Vasco el Domingo 13 de Octubre de 2013.

Foto.- Ropa tendida. Museo de Miami. 2013.

 

 

 

2 comentarios:

  1. Javier dice:

    «Un día, alguien decidió ordenar la vida, archivarla en años. Es una forma, como otra cualquiera, de intentar hacer inventario del aire que respiramos.»

    LLevo un buen rato dándole vueltas a esto, a como ordenamos y parametrizamos nuestra «Vida», como hemos creado de la nada «años», «fechas», «calendarios»…en un principio instrumento de ayuda, a la postre elemento condicionador de aquello que solo pretendía cuantificar.
    En un mundo en el que la cantidad ganó hace tiempo la batalla a la calidad, lo que cuentan son los años, no la experiencia acumulada en ellos. Utilizamos el número de velas en un trozo de pastel como elemento diferenciador, instrumento marginador llegado el caso. Vemos números, y nos sentimos más cómodos, porque los números no exigen el trabajo de mirar más allá. Son planos, sintéticos, deshumanizados. No se pensaron para ser aplicados sobre las personas. Pero en algún momento equivocamos el camino. Supongo.

    Un texto brillante, Guille.
    Gracias por dar pie a la reflexión.

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